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¿Qué es una angioplastia coronaria?

Angioplastia con stent

La angioplastia coronaria es una técnica no quirúrgica mínimamente invasiva que se utiliza para abrir las arterias coronarias que están obstruidas por un trombo o muy estrechas debido a la ateroesclerosis. Aunque pueda sonar un poco abrumador, lo cierto es que la idea del procedimiento no es tan complicada: introducir un tubo muy fino dentro del vaso sanguíneo obstruido y una vez allí, se infla un pequeño globo que está cerca de la punta del tubo, lo que hace que el interior de la arteria se expanda y la sangre pueda volver a fluir. Por supuesto, que la explicación sea sencilla no significa necesariamente que el método lo será.

En comparación con otros descubrimientos médicos resaltantes, la angioplastia coronaria se considera una técnica joven. La primera vez que se realizó fue en el año 1977, cuando el doctor alemán Andreas Grüntzig introdujo un balón de angioplastia hasta las arterias coronarias como alternativa al tratamiento farmacológico y quirúrgico, aceptados en ese momento como los ideales en pacientes con enfermedad arterial coronaria. Aunque el procedimiento cumplió con su cometido, recuperando el flujo sanguíneo a través de las coronarias hasta el músculo cardíaco, el mismo no se popularizó más rápidamente debido a las complicaciones inmediatas y mediatas que aparecieron, pero esto sentó las bases para que en solo 40 años contemos con una serie de estrategias y protocolos que hacen de la angioplastia coronaria un procedimiento muy seguro y exitoso para mejorar la salud cardiovascular de las personas (Canfield and Totary-Jain 2018).

No podemos olvidar que las enfermedades coronarias siguen siendo las primeras causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial, ocasionando no solo grandes perturbaciones en los sistemas sanitarios de todos los países sino también un enorme impacto económico que repercute en la estabilidad financiera de personas y naciones. Prevenir y tratar de la mejor manera este tipo de patologías es una necesidad imperiosa y los profesionales de la salud, gerentes sanitarios y público en general, deben entender la importancia que tienen los cateterismos coronarios en el tratamiento de estas enfermedades.

Indicaciones para una angioplastia coronaria

Una de las dudas más frecuentes acerca de la angioplastia coronaria es quién la necesita realmente. Existen muchos reportes de angioplastias innecesarias y otros tantos de intervenciones que debieron realizarse y no se hicieron (Bolognese 2020). A continuación enumeramos las condiciones clínicas en las cuales ha quedado demostrado que la angioplastia es útil, considerando siempre la premisa de que solo aquellos pacientes cuyos síntomas no respondan a la máxima terapia médica son candidatos a angioplastia:

  1. Angina inestable.
  2. Infarto agudo de miocardio con elevación del ST (emergencia)
  3. Perforación espontanea de arteria coronaria (emergencia).

Como se puede ver, la mayoría de las indicaciones son casos de emergencia, siendo la angina inestable la única enfermedad que no requiere la angioplastia de emergencia pero que igualmente debe hacerse lo antes posible debido al riesgo de infarto (Chhabra, Zain, and Siddiqui 2020).

Hasta ahora solo hemos hablado de la angioplastia como un procedimiento para la apertura de las coronarias obstruidas pero no hemos hecho mención de los famosos stents. Los stents, que carecen de una traducción oficial de su nombre al español por parte de la RAE, son unos dispositivos metálicos tubulares y expansibles que se introducen en la coronaria que está estonosada por acción de la ateroesclerosis, y sirven para mantenerla permeable después de realizada la angioplastia. A esta técnica se le denomina angioplastia coronaria con colocación de stent y también tiene sus indicaciones precisas.

Stent cardiaco

Estos dispositivos intravasculares se utilizaron por primera vez en la década de los 80 como mecanismo para evitar que la coronaria se volviera a cerrar después de la angioplastia, fenómeno que ocurría debido a una propiedad de los vasos sanguíneos llamada retroceso elástico, el cual se caracteriza por la capacidad de la arteria de volver a su estado anterior después de un tiempo.

Los primeros stents fueron hechos de metal desnudo y se conocen como “stent metálico no revestido”. Ellos están formados por una malla metálica expansible que se abre dentro del vaso y no permiten que este se vuelva a cerrar. Sin embargo, otras complicaciones tardías se presentaron debido a la reacción inflamatoria de la arteria por la presencia de un cuerpo extraño. Las paredes vasculares comenzaban a crecer alrededor del stent y terminaban por obstruirlo de nuevo. Por ello, los científicos crearon otro tipo de stents a los cuales les agregaron un medicamento antiproliferativo para evitar el crecimiento del endotelio en las inmediaciones del dispositivo. A estos nuevos stents los bautizaron como “stent revestido con medicamentos”, “stent farmacoactivo” o “stent farmacológico” y son en la actualidad los más utilizados. Los agentes farmacológicos que se emplean con más frecuencia para recubrir al stent son el sirolimus y paclitaxel, en los de primera generación, y zotarolimus o everolimus en los de segunda generación. Todos ellos fueron creados inicialmente como drogas antineoplásicas pero se les han descubierto muchos otros usos (Feinberg et al. 2017).

Aunque todavía existe controversia acerca del uso de stent farmacológico, la decisión final dependerá de cuál es la enfermedad de la persona y sus condiciones clínicas. El médico cardiólogo deberá discutir las opciones con el paciente para llegar a un acuerdo y proceder luego a la angioplastia con stent.

Preparación del paciente antes de la angioplastia

No existen demasiadas diferencias entre la preparación para un cateterismo cardíaco y la necesaria para una angioplastia coronaria. Sin embargo, en el caso de la angioplastia es necesaria una evaluación médica interdisciplinaria más extensa y detallada.

Se recomienda el cese de algunos medicamentos que puedan alterar la coagulación de la sangre como aspirina, clopidogrel, rivaroxaban, dabigatran o AINES. La última ingesta de alimentos y bebidas debe hacerse hasta 8 horas antes del procedimiento. El cardiólogo intervencionista debe explicar detalladamente pero con palabras sencillas cómo se realizará el estudio y sus posibles complicaciones.

Técnica de la angioplastia

El procedimiento a realizar se conoce como intervención coronaria percutánea. Este nombre se debe a que se llega hasta las coronarias insertando un alambre guía por la piel hasta la arteria que sirve como puerta de entrada al sistema vascular.

Antes de comenzar, se deben monitorear los signos vitales, especialmente la frecuencia cardíaca, presión arterial y saturación de oxígeno. Es habitual que antes de la inserción del balón o del stent, se lleve a cabo una angiografía coronaria con contraste o un cateterismo cardiaco diagnóstico.

Una vez que el paciente está sedado o anestesiado, se infiltra anestesia local (en la ingle si se utiliza la arteria femoral o en la muñeca si es la arteria radial), se ubica la arteria palpando el pulso con los dedos o con ayuda de un ecógrafo y se accede a ellas a través de una aguja. Luego, un catéter metálico se pasa por la aguja y se avanza hasta la coronaria obstruida. Este catéter es tan fino que es capaz de atravesar el bloqueo y cuando lo logra, un balón que lo acompaña se infla y se desinfla dentro de la arteria en repetidas oportunidades hasta que esta se dilata lo suficiente para permitir de nuevo el paso del flujo sanguíneo hacia el músculo cardiaco. Ya con la arteria abierta, se inserta el stent cerrado y cuando se encuentra en el punto de la estenosis, se expande con la ayuda del balón y se fija en el sitio. Hecho esto, se retira la guía y se da por terminado el procedimiento. La angioplastia puede tardar de 30 minutos a varias horas, dependiendo de la complejidad del caso (Malik and Tivakaran 2020).

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